11 ene. 2016

OTZI " EL HOMBRE DE HIELO "

La Helicobacter pylori, una bacteria que se encuentra en el estómago de la mitad de la humanidad hoy en día, ya infectó a este cazador del Tirol hace 5.300 años

Reconstrucción de Ötzi, el «hombre de hielo» - Kennis/South Tyrol Museum of Archaeology/OCHSENREITER

La excelentemente bien conservada momia de Ötzi, el «hombre de hielo» del Tirol, un cazador prehistórico que falleció desangrado hace unos 5.300 años y cuyos restos aparecieron congelados en los Alpes en 1991, es una fuente inagotable de información. Hace cinco años, después de que el genoma de este homo sapiens de la Edad del Cobre fuera completamente descifrado, parecía que poco más podríamos conocer sobre su historia, pero muy al contrario, la momia quiere seguir hablando. Lo último que un equipo internacional de científicos ha descubierto se encuentra en su estómago. Los investigadores han detectado en el contenido estomacal del viejo Ötzi la presencia de la Helicobacter pylori, una bacteria muy común que habita en la mitad de todos los seres humanos hoy en día. El hallazgo, dado a conocer en la revista Science, parece respaldar la teoría de que nuestra especie ya estaba infectada con esta bacteria desde el comienzo de su historia.
El paleopatólogo Albert Zink y el microbiólogo Frank Maixner de la Academia Europea (EURAC) en Bolzano, Italia, colocaron muestras del estómago del «hombre de hielo» bajo el microscopio por primera vez hace casi tres años. Entonces eran escépticos con lo que pudieran encontrar, puesto que la mucosa del estómago de Ötzi ya no estaba allí. Junto con colegas de las universidades de Kiel, Viena y Venda en Sudáfrica, y del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana en Jena, los científicos trataron de dar con una nueva manera de proceder. Resolvieron extraer todo el ADN del contenido del estómago de la momia. De esa forma, fueron capaces de identificar las secuencias y reconstruir el genoma de una antiquísima Helicobacter pylori.
Los investigadores encontraron una cepa potencialmente virulenta de la bacteria, a la que el sistema inmunológico de Ötzi ya había reaccionado. «Hemos demostrado la presencia de proteínas marcadoras que vemos hoy en día en los pacientes infectados por Helicobacter», dice Maixner. Una décima parte de las personas infectadas desarrollan otras complicaciones clínicas, como la gastritis o úlceras estomacales, la mayoría durante la vejez. En el caso de Ötzi, «no podemos estar seguros de que sufriera de problemas estomacales, porque el tejido de su estómago no ha sobrevivido y es ahí donde esas enfermedades se pueden distinguir. Sin embargo, las condiciones previas para una enfermedad sí existen», apunta el paleopatólogo.

Una cepa asiática

Después de completar la biopsia de estómago, los dos científicos transfirieron los datos del genoma a Thomas Rattei, de la Universidad de Viena. Rattei, en colaboración con genetistas de EE.UU., Sudáfrica y Alemania, llegó a una conclusión sorprendente: «Habíamos asumido que encontraríamos en Ötzi la misma cepa de Helicobacter que se encuentra en los europeos actuales, pero resultó ser una cepa que se observa principalmente en el sur de Asia Central».
Los científicos asumen que había originalmente dos tipos de cepas de la bacteria, una africana y otra asiática, que en algún momento recombinaron en la versión europea actual. Puesto que las bacterias se transmiten por lo general dentro de la familia, la historia de la población mundial está estrechamente ligada a la historia de las bacterias. Hasta ahora, se había supuesto que los humanos del Neolítico ya llevaban esta cepa europea en el momento en que dejaron su vida nómada y se hicieron agricultores. La investigación sobre Ötzi, sin embargo, demuestra que este no era el caso.
«La recombinación de los dos tipos de Helicobacter solamente puede haber ocurrido en algún momento después de la era de Ötzi, y esto demuestra quela historia de los asentamientos en Europa es mucho más compleja de lo que se creía», subraya Maixner. Los científicos creen que se necesitan más estudios para demostrar hasta qué punto estas bacterias que viven dentro del cuerpo humano pueden ayudarnos a entender cómo se desarrolló nuestra especie.
Ötzi es la momia humana más antigua del mundo y una de las más estudiadas por la ciencia. Las circunstancias de su muerte a los 45 años son un misterio científico, aunque la hipótesis principal es que el cazador murió desangrado después de que una flecha le atravesara el cuerpo por la espalda y recibiera un golpetazo en la cabeza, quizás en un cuerpo a cuerpo o quizás al resbalar y caerse cuando trataba de huir. Sabemos también que tenía los ojos castaños, comía cabra y sufría de una enfermedad del corazón, intolerancia a la lactosa y caries. Además, en la actualidad tiene al menos 19 «parientes» vivos.