4 may. 2015

LOS BENEFICIOS DEL MAR

Podríamos pensar que el mar es un recurso curativo reciente porque lo asociamos con la época esplendorosa de los balenarios de finales del siglo XIX y principios del XX, pero lo cierto es que se conoce desde la Antigüedad. Se atribuye a Platón la frase “Lava el mar las dolencias de los hombres”, expresada después de someterse a baños para recuperarse de unas dolencias por recomendación de médicos egipcios. También fenicios, griegos y romanos conocían su poder salutífero. 
En 1869, el médico francés Joseph La Bonardière le pone nombre a este nuevo método curativo: talasoterapia, un neologismo creado a partir de la palabra "thalassa", que significa mar, y "therapeía", tratamiento.
Actualmente, y más en un país como el nuestro, es fácil gozar de unos días de salud junto al mar. La naturaleza brinda verdaderos agentes terapéuticos: el agua, la presión, el movimiento de las olas, el sol, el aire, la arena, los limos, las algas e incluso las piedras. Todo ello estimula las funciones orgánicas, así como fortalece los músculos y calma la mente.
En general, la talasoterapia trabaja con la acción reparadora de los minerales y con el cambio térmico del agua de mar y su presión, que ejerce un masaje continuo.
El contraste frío-calor. El hecho de que la temperatura marina sea más fría que la del cuerpo permite que haya un efecto vasoconstrictor de los pequeños vasos sanguíneos. Al tiempo, se dilatan las venas y arterias interiores por el aumento de presión que ejerce el volumen de sangre. El corazón late con menos frecuencia y descansa, se reduce el ritmo respiratorio y aumenta la tensión arterial.
Una vez en el agua, el cuerpo se acostumbra y es el sistema circulatorio el que reacciona, permitiendo que las venas de la piel se dilaten nuevamente, mientras que los vasos sanguíneos profundos y los órganos se constriñen. Se logra un masaje interno muy estimulante del sistema circulatorio y de los órganos.
El masaje de la presión del mar. La presión es el resultado del peso del agua que queda sobre el bañista y la superficie del mar. Pero el agua que hay entre el fondo y el bañista también presiona y lo empuja hacia arriba. Esta presión del fondo favorece los movimientos musculares y de las articulaciones. Se beneficia también la circulación sanguínea y el sistema linfático.
Aire marino para el relax mental. La ventaja de estar a orillas del mar y no en un centro cerrado es que podemos nutrirnos con el aire marino, cargado de iones negativos. Los iones son unas partículas que forman el átomo y cuya carga eléctrica puede ser negativa o positiva. Los iones negativos se generan en entornos naturales con corrientes de agua: el mar, los ríos, las cascadas, etc. Tienen un efecto muy saludable sobre las personas, ya que relajan y favorecen la producción de serotonina, un neurotransmisor cerebral necesario para dormir bien y mantener el buen humor. Se ha comprobado que, a solo cien metros del mar, la cantidad de iones negativos es de 50.000 por metro cúbico, cien veces más que en los ambientes urbanos.
Más que oxígeno. El aire marino está cargado oxígeno pero también es rico en ozono y diferentes sustancias minerales, que son nutrientes que flotan y absorbemos a través de la respiración. La buena oxigenación ayuda a mantener el equilibrio emocional y psíquico, ya que ralentiza el ritmo respiratorio y favorece la recuperación.
Unas sesiones de respiración en la playa resultan estimulantes, facilitan la digestión, la eliminación y oxigenan más la sangre.
Se pueden realizar ejercicios respiratorios para maximizar los beneficios. El siguiente es muy sencillo:
• Se inspira llenando los pulmones mientras se tira la cabeza hacia atrás y se juntan las escápulas, lo que abre el tórax.
 Con los pulmones llenos, se retiene el aire durante al menos dos segundos, pudiendo llegar hasta cinco.
 Se vuelve a bajar la cabeza y se relajan los omóplatos mientras se espira lentamente para vaciar por completo los pulmones. La espiración debe durar de cinco a diez segundos.
• Se pueden hacer 20 respiraciones al menos dos sesiones al día.
Renovación sanguínea. Las sesiones de talasoterapia tienen un efecto sobre la sangre sorprendente: mejora su composición, consiguiendo que los glóbulos rojos –los principales portadores de oxígeno a las células y tejidos del cuerpo– aumenten en número entre el 10 y el 20 por ciento. Se incrementa la proporción de leucocitos o glóbulos blancos y, de entre estos, los linfocitos, que son los que se encargan de tareas específicas de defensa del sistema inmunitario.
Esta terapia es una gran ayuda para disminuir el dolor y para mejorar una amplia variedad de afecciones, pero sobre todo es una medicina preventiva. Se trata de un recurso de gran valor en problemas de fatiga por su gran aporte de magnesio, que aumenta las defensas del organismo. Asimismo, el acné, el lupus, los eccemas y, sobre todo, la psoriasis mejoran notablemente con los baños de mar. También está demostrado científicamente que aumentan la concentración de hierro en la sangre, por lo que es de gran utilidad en casos de anemia. Está muy indicada en personas que padecen estrés, puesto que el agotamiento de determinadas reservas de micronutrientes son los responsables de una actitud de tensión constante en la vida. Y, sobre todo, es muy valiosa en la artrosis y la artritis, ya que se actúa sobre el tejido conjuntivo.
Podemos nutrirnos con el aire marino, cargado de iones negativos: relajan y favorecen la producción de serotonina, un neurotransmisor cerebral necesario para dormir bien y mantener el buen humor
Cómo hacer un baño de mar provechoso para la salud
Se debe empezar los primeros días con baños muy cortos. Lo ideal sería no permanecer en la playa más de cuatro horas. Antes del baño, es conveniente hacer un poco de ejercicio suave y también tomar un poco de sol. La entrada al mar debe ser rápida y decidida, no andar pensándoselo con medio cuerpo introducido. Lo mejor es entrar a zancadas y hundirse varias veces. Cuanto más frío y agitado esté el mar, más breve será el baño. En aguas templadas, con sol y aire cálido, se puede permanecer en el agua hasta 15 o 20 minutos. En las sesiones veraniegas, se puede estar mucho más tiempo. Para potenciar la salud es suficiente tomar de uno a tres baños marinos al día en verano. Al salir del mar. Hay que practicar otra vez algo de ejercicio, como una caminata o algunos movimientos vigorosos. Es importante secarse al aire libre. De esta forma, las sales minerales depositadas en la piel en forma de cristalitos se absorben y estimulan el sistema nervioso.
El efecto de la arena. La arena de la playa está formada por partículas de diámetro inferior a 3 mm y está cargada con los elementos químicos del agua de mar e incluso del aire, ya que es altamente porosa. La temperatura que puede alcanzar la arena como consecuencia de la incidencia de los rayos solares varía entre 40 y los 60 grados. Cubrir la piel con arena (una capa de 30 a 40 centímetros) es una terapia recomendable para las afecciones reumáticas y otras afecciones de los huesos y las articulaciones.
Caminar en el agua. Caminar es el ejercicio más simple y humano, además del más seguro de todos. Algunas investigaciones recientes han hallado que la articulación de la rodilla se resiente no solo con la inactividad y el sedentarismo sino también con las carreras, por lo que aquellas personas acostumbradas a correr pueden tener igualmente problemas articulatorios aun cuando piensan estar haciendo un ejercicio sano. Así que nada más sano que caminar.
Una práctica habitual en nuestras playas es caminar largo rato por la orilla del mar. Sin embargo, como tratamiento terapéutico, lo mejor es hacerlo en el mar, adentrándose en el agua y luego volviendo a la orilla. Lo ideal es internarse hasta que el agua llegue al pecho o incluso el cuello, caminar con el agua a esa altura, dar pequeños saltos cuando llegue una ola y permanecer dentro unos 10 minutos. Luego se sale y se toma el sol otros 10 minutos. Estos paseos se pueden repetir tres veces. 
Las articulaciones y el sistema venoso salen ampliamente beneficiados de estos paseos, ya que la presión hidroestática del agua favorece el retorno venoso y combate la pesadez de las piernas, un problema especialmente frecuente en verano y en las mujeres. Igualmente sale reforzado el sentido del equilibrio.
Baño marino en casa. El método más sencillo es añadir a la bañera llena de agua dos kilos de sal marina. Absorberemos con ello minerales y desintoxicamos el organismo. Si disponemos de algas, podemos realizar uno más elaborado. Lo ideal es contar con una gran variedad de algas: polvo de alga dulse, de fucus, de Kelp y de nori. Si se tiene el mar cerca, bastará con coger unas cuantas garrafas y llenar la bañera con el agua de mar. Si esto no es posible, se usará sal marina sin refinar. Para la receta final, se necesita también barro del mar Muerto o, si es difícil de encontrar, una arcilla de calidad. Se coloca en un recipiente una taza de polvos de cada alga, dos tazas arcilla y cuatro de sal. Se mezclan bien los ingredientes y se vierten tres tazas en un baño caliente.